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Oda a la tristeza

miércoles, 23 de junio de 2010

Pablo Neruda

Oda a la Tristeza

Tristeza, escarabajo
de siete patas rotas,
huevo de telaraña,
rata descalabrada,
esqueleto de perra:
Aquí no entras.
No pasa.
Ándate.
Vuelve
al sur con tu paraguas,
vuelve
al norte con tus dientes de culebra.
Aquí vive un poeta.
La tristeza no puede
entrar por estas puertas.
Por las ventanas
entra el aire del mundo,
las rojas rosas nuevas,
las banderas bordadas
del pueblo y sus victoria.
No puedes.
Aquí no entras.
Sacude
tus alas de murciélago,
yo pisaré las plumas
que caen de tu mano,
yo barreré los trozos
de tu cadáver hacia
las cuatro puntas del viento,
yo te torceré el cuello,
te coseré los ojos,
cortaré tu mortaja
y enterraré, tristeza, tus huesos roedores
bajo la primavera de un manzano.
Cuando yo muera quiero tus manos en mis ojos:
quiero la luz y el trigo de tus manos amadas
pasar una vez más sobre mí su frescura:
sentir la suavidad que cambió mi destino.
Quiero que vivas mientras yo, dormido, te espero,
quiero que tus oídos sigan oyendo el viento,
que huelas el aroma del mar que amamos juntos
y que sigas pisando la arena que pisamos.

Quiero que lo que amo siga vivo
y a ti te amé y canté sobre todas las cosas,
por eso sigue tú floreciendo, florida,

para que alcances todo lo que mi amor te ordena,
para que se pasee mi sombra por tu pelo,
para que así conozcan la razón de mi canto.

Sobre mi mala educacion

lunes, 21 de julio de 2008

Cuál es cuál, cuál es el cómo? Quién sabe cómo conducirse?
Qué naturales son los peces! Nunca parecen inoportunos. Están en el mar invitados y se visten correctamente sin una escama de menos, condecorados por el agua.
Yo todos los días pongo no sólo los pies en el plato, sino los codos, los riñones, la lira, el alma, la escopeta.
No sé qué hacer con las manos y he pensado venir sin ellas, pero dónde pongo el anillo? Qué pavorosa incertidumbre!
Y luego no conozco a nadie. No recuerdo sus apellidos.
—Me parece conocer a usted.—No es usted un contrabandista?—Y usted señora no es la amante del alcohólico poeta que se paseaba sin cesar, sin rumbo fijo por las cornisas?—Voló porque tenía alas.—Y usted continúa terrestre.—Me gustaría haberla entregado como india viuda a un gran brasero, no podríamos quemarla ahora? Resultaría palpitante!
Otra vez en una Embajada me enamoré de una morena, no quiso desnudarse allí, y yo se lo increpé con dureza: estás loca, estatua silvestre, cómo puedes andar vestida?
Me desterraron duramente de ésa y de otras reuniones, si por error me aproximaba cerraban ventanas y puertas.
Anduve entonces con gitanos y con prestidigitadores, con marineros sin buque, con pescadores sin pescado, pero todos tenían reglas, inconcebibles protocolos y mi educación lamentableme trajo malas consecuencias.
Por eso no voy y no vengo, no me visto ni ando desnudo, eché al pozo los tenedores, las cucharas y los cuchillos. Sólo me sonrío a mí solo, no hago preguntas indiscretas y cuando vienen a buscarme, con gran honor, a los banquetes, mando mi ropa, mis zapatos, mi camisa con mi sombrero, pero aún así no se contentan: iba sin corbata mi traje.
Así para salir de dudas me decidí a una vida honrada de la más activa pereza, purifiqué mis intenciones, salí a comer conmigo solo y así me fui quedando mudo. A veces me saque a bailar, pero sin gran entusiasmo, y me acuesto solo, sin ganas, por no equivocarme de cuarto.
Adiós porque vengo llegando. Buenos días, me voy de prisa.
Cuando quieran verme ya saben: búsquenme donde no estoy y si les sobra tiempo y boca pueden hablar con mi retrato.
Poemas de Pablo Neruda - Poemas del Alma.