Donde con toda seguridad encontrarás una mano que te ayude será en el extremo de tu propio brazo.
Napoleón
Publicado por rafelmigdemoni en 12:36 2 comentarios
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!!Que Contento estoooyy¡¡
Publicado por rafelmigdemoni en 18:15 3 comentarios
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Quienquiera que cultive la fantasía en el arte está un poco loco. Su problema estriba en hacer interesante esta locura.
TRUFFAUT, François
Publicado por rafelmigdemoni en 9:25 4 comentarios
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Siempre quiso ser un Hada
Siempre quiso ser un hada. Vivir en el bosque y llevar todo el día flores en el pelo. Creía inexplicablemente, que algún día un duende vendría a buscarla. Se despertaba a diario, buscando unas alas que nunca estaban. Aunque ella cada vez, lo deseaba con más fuerza. Pasaban los años, no sucedía nada. A menudo la gente le preguntaba que quería ser de mayor. Ella siempre respondía lo mismo. -Yo seré un hada-.Nadie la tomaba en serio. Todos reían y le decían–No, pero de verdad.- Ella volvía a responder lo mismo.No entendía que era lo que les hacía tanta gracia. Pasaba el tiempo y todos se empeñaban en que llevara una vida normal, como ellos. Les parecía extraño que hablara con los árboles y que cantara con las aves. Sus padres llegaron a preocuparse e intentaron prohibírselo. Para ella era normal, las hadas hacían aquellas cosas. ¿Por qué todos se asustaban? Se escapaba al anochecer para pedir consejo a las lechuzas y preguntarle a la luna si sabía cuando vendrían a buscarla. Una noche la interceptaron en plena huida y la encerraron. Desde aquel día sus ventanas se cubrieron de rejas. Le preocupaba no poder salir, cuando el duende viniera a buscarla. Sus horas de sueño eran cada vez mas largas, las culpables, eran aquellas dichosas pastillas. Hasta que una vez, simuló que las tomaba, dejándolas en la boca sin tragar. Cuando la dejaron sola, las escupió. Desde entonces, casi no dormía. Las noches de espera se le hacían largas y angustiosas. Al fin una madrugada, unos golpecitos en el cristal de la ventana, desbordaron su felicidad. El esperado duendecillo, la observaba apoyado en uno de los barrotes. Era un ser diminuto, cabía perfectamente entre las rejas, ¿Pero como saldría ella?El hombrecillo de orejas puntiagudas, le sonrió. Mientras sacaba de su dimuto saquito, una especie de polvos dorados, que sopló sobre ella. Al instante, volaba sobre montañas, con aquellas hermosas y enormes alas desplegadas, que sentía como su propia piel. Se dirigía al bosque, mientras el duendecillo, se adelantaba y volvía a retroceder, revoloteando juguetón a su alrededor. Al despertar, se encontraba de nuevo, en aquella inhóspita habitación. Al ver que sus preciadas alas habían desaparecido, se angustió. Estaba al borde de la desesperación. En aquel instante el duendecillo irrumpió en la alcoba y con él sus maravillosas alas. Así sucedió, durante años. Hasta que una madrugada, sin previo aviso, dejó de ir a buscarla. Creyó que moriría de pena en aquella siniestra habitación. Intentó pedir ayuda, pero aquellas enfermeras no la oían. Hablaban de ella, como si no estuviera delante. –Parece que esta empeorando mucho últimamente, el doctor dice que tendremos que subirle la dosis- Ella se consumía impotente. Les gritaba- ¡yo soy un hada! Tenéis que dejarme salir, debo volar al bosque-Como única respuesta, le administraban calmantes, hasta que se dormía. Una mañana cuando una de las enfermeras entró en la habitación, la sorprendió encontrar la cama vacía. No había ni rastro del “hada” como la llamaban sarcásticamente todos los médicos y enfermeras. Puertas y ventanas estaban selladas. Era imposible que se hubiera escapado. Salió rápidamente a comunicar el hecho a sus compañeros. Nadie en todo el centro psiquiátrico, sabía nada de su desaparición. Consternados y asustados, cerraron aquel caso sin explicación. Nunca supieron que ella, siempre fue un hada y que ahora vivía en el bosque, llevando todo el día flores en el pelo.Publicado por rafelmigdemoni en 9:14 3 comentarios
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Vivimos en la era de la televisión. Una sola toma de una enfermera bonita ayudando a un viejo a salir de una sala dice más que todas las estadísticas sanitarias.
THATCHER, Margaret
Publicado por rafelmigdemoni en 9:25 0 comentarios
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Frio Quirofano
Ante el continuo malestar que sentí en la parte derecha decidieron llevarme al hospital. Allí, en urgencias, pasé un tiempo largo, interminable, esperando que alguien me atendiera. El dolor era cada vez más agudo. Absorbía toda mi atención.Sudaba. Tenía frío.Aquella sala estaba atestada de gente, de quejidos, de caras congestionadas, de miradas solidarias, compasivas, de aire caliente con olor a medicinas, a retrete, pues las puertas de éstos no cerraban del todo y salía un olor a excrementos pútridos y a orines, repugnante. Sentí náuseas. Vomité.No sé si por el fétido hedor o por que algo andaba mal en mi organismo pues había sangre en el vómito.Alertados por esto vinieron por mí.Entre dos celadores –después de limpiar la vomitona- me tumbaron en una camilla por la imposibilidad de ponerme en pie, y conmigo encima de ella se dirigieron a una habitación más pequeña y limpia. Con luz blanca, lechosa.Una doctora, joven, amable, incluso cariñosa, estuvo auscultando la parte dolorida y dura, como las piedras. Me hacía preguntas mientras tocaba con sus manos frías el vientre. “Dime si te duele más cuando te aprieto aquí”. “¿Tienes dolor en el pecho?”. “Lo siento no podemos darte nada para el dolor, de momento, eso enmascararía el problema, debes aguantarlo”... Siguió tocando…Sin desearlo y sin saber porqué tuve una absurda erección que obviamente no venía a cuento ni era momento para ello. Observé preocupado que se había dado cuenta.-“Tápeme, por favor, se lo ruego”.-Supliqué avergonzado.-“No te preocupes es una reacción fisiológica normal e involuntaria”.-Su comprensión me tranquilizó y la “reacción fisiológica e involuntaria” se apaciguó.Hicieron radiografías y análisis. Consideraron que debían operar urgentemente.Era una perforación de estómago.Me asusté.Nunca había estado en un quirófano, siempre he sido fuerte y sano. Esas cosas suelen pasarles a los demás, como la muerte, pero nunca me planteé el que pudieran ocurrirme a mí.A partir de entonces todo fue rápido. Me llevaron a una sala –el quirófano- muy iluminada y fría, muy fría, a pesar de que estábamos en el mes de Julio. El frío hizo que tiritara. El quirófano estaba lleno de gente, médicos y enfermeras con mascarillas verdes, vestidos de verde, sábanas verdes... todo era de color verde. Con rapidez me trasladaron de la camilla a la cama en donde iba a ser operado.Me encontraba mal, realmente mal... ¿Y si muriera?... Quitaron mis ropas. Me dejaron desnudo encima de la mesa de operaciones.Volví a sentirme avergonzado, indefenso y... solo.Una enfermera echó una manta encima de mi cuerpo mientras se preparaban para la operación. De esa forma entré algo en calor al tiempo que ocultaron mi desnudez. Lo agradecí.Ajustaron una mascarilla en mi cara. En el dedo índice colocaron un objeto en forma de pinza, supuse que sería para control de la tensión o algo así. Vi que inyectaban un líquido en el catéter del brazo.Rezaba... rezaba. Sólo rezaba.La enfermera dijo que contara de diez hacia abajo en voz alta. Empecé...-“Diez.... nueve... “tengo miedo”.-Le dije...-“Es normal”. -Respondió ella acariciándome la cara...-“ocho.... siete... seis... cinco...”No recuerdo más, y esto es lo terrorífico, lo verdaderamente terrorífico, lo que me obsesionó durante mucho tiempo de tal manera que aún no consigo pensar en ello con la serenidad suficiente como para indagar qué pasó realmente.Qué fue de aquellas cinco horas perdidas de mi existencia donde no subyace ni un solo recuerdo que me demuestre que seguía con vida durante ese tiempo en el que estuve sin conciencia, sin ningún pensamiento o sueño que alterara mi inmovilidad tanto física como psíquica, y sobre todo, sin saber si estuve vivo o muerto.¿Será así la muerte?...Recordando aquellas horas, cuando intento pensarlas o analizarlas, son como un intervalo uniformemente negro en el que hay un antes y un después, intervalo que no puedo traspasar por mucho que me he esforzado en hacerlo. Es un espacio limitado, eso sí. Una zona inmóvil en un tiempo de ennegrecida e inerte quietud, en el que no percibí ni alegría ni dolor, ni tristezas ni preocupaciones...No sentí nada de aquello que configura una vida...Desde aquel entonces, una de las cosas que más me preocupan es... Caer en la nada...por que... ya estuve allí.... en aquel vacío oscuro sin... VIDA.No me gusta recordar aquella sensación.¿Qué pasó con aquellas cinco horas? Mi cuerpo estaba allí, en la mesa de operaciones, pero... yo... ¿dónde estaba yo?...Publicado por rafelmigdemoni en 9:16 3 comentarios
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Publicado por rafelmigdemoni en 10:34 1 comentarios
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Bella Muerte
Publicado por rafelmigdemoni en 10:23 1 comentarios
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Nada nos envejece tanto como la muerte de aquellos que conocimos en nuestra infancia.
GREEN, Julien
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Infancia
Publicado por rafelmigdemoni en 8:55 4 comentarios
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Hoy dormirás con los ángeles y soñarás conmigo, pero un día dormirás conmigo y soñarás con los ángeles.
Anónimo.
Publicado por rafelmigdemoni en 9:46 0 comentarios
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Angeles Caidos

Ángeles sobre mi. Estoy en el suelo. Tendido, yaciente. Moribundo quizá, no lo se; el caso es que me resulta imposible moverme. Siento la frialdad de la piedra en mi espalda, el cielo oscuro e interminable sobre mí, una pléyade de estrellas amenazando con desplomarse en cualquier momento y abrasarme. Y entonces vienen los ángeles. Los veo volar sobre mí, en círculos, envueltos en una luz blanca y pura. No puedo contar cuantos son, una infinidad. Van posándose en torno a mí, cegándome con su fulgor, que me impide ver sus rostros o sus contornos, y alargan sus manos hacia mí, mientras les contemplo, maravillado. Y entonces…Sus manos me tocan. Manos frías, muertas. Y la luz se desvanece, y al ver en qué se han convertido quiero gritar, quiero huir, pero mi voz y mis fuerzas me han abandonado. Seres de carne pálida, macilenta, como las de los cadáveres, de rostros sin facciones, surcados tan sólo por enormes bocas que se abren como cicatrices negras erizadas de colmillos. Inclinan sobre mí sus torsos esqueléticos y sus alas, comidas por los gusanos, se alzan hacia el cielo como una blasfemia. Siento cómo sus dedos ansiosos aferran mi carne, la retuercen, y sus bocas se acercan cada vez más, rezumando saliva y sangre. Uno me muerde en la cara. Otros le siguen: en el cuello, el vientre, las ingles… sus labios húmedos posándose sobre mi piel un instante antes de dejarme sentir el dolor de sus dientes aserrados, y entonces sí grito, grito como un animal torturado…Desperté aterrado, envuelto en sudor y dolorido por la tensión, y aquella noche fui incapaz de volver a dormirme. A la mañana siguiente, todo mi cuerpo estaba cubierto de cardenales. El cuello, el vientre, las ingles…Desde entonces, siempre procuro que la noche no me sorprenda fuera de casa. Y si por alguna razón llega el ocaso cuando aún estoy fuera, mientras busco cobijo nunca miro hacia el cielo.
Temo lo que pueda ver volando sobre mí.
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Para los nostalgicos
Nombre Original: Captain America
Publicado por rafelmigdemoni en 10:42 0 comentarios
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No es que tenga miedo de morirme. Es tan sólo que no quiero estar allí cuando suceda.
Woody Allen
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algo parecido a lo que hago yo
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Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas.
Albert Einstein
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